Las epistemologías feministas, no se limitan a describir violencias: cuestionan la arquitectura misma de la vida pública. Proponen horizontes otros, donde el cuidado sea principio de organización política, donde la pluralidad sea una riqueza y no una amenaza, donde la producción de conocimiento esté al servicio de la vida y no del control. La democracia que este libro imagina —y que sus estudios hacen posible- es una democracia expandida, insurgente, cotidiana, capaz de habitar los territorios donde la academia no siempre llega y capaz de escuchar las voces que durante siglos quedaron fuera del marco interpretativo hegemónico.